Mis dos ‘Day 1’ emprendiendo

Yo era un niño soñador… mientras crecía quería dedicarme al cine pero la vida me llevó al ITAM, en donde estudié derecho, y poco después me invitaron a trabajar en un negocio familiar.

Era un negocio mal llevado en una fábrica horrible que no extraño, pero allí experimenté mi primer Day 1 como emprendedor. La tarea no era sencilla, mi primer día de trabajo consistió en ir a Correo Mayor en el centro de la Ciudad de México, que para mí se veía como el Wall Street mexicano.

 

Muchos vendedores convenciendo a mayoristas de comprar su producto. Yo iba a vender playeras y lo recuerdo como el comercio más puro, en medio de un mundo de tiburones experimentados y yo, de 18 años, fui a ver cómo salían las cosas.

 

Toqué muchas puertas en donde me hicieron preguntas que no sabía contestar pero improvisé y, al final, a una persona le gustó tanto mi producto que lo compró.
En mi mente, yo iba a ser el próximo Bill Gates porque el primer día había vendido 50 mil pesos en playeras. Excepto que esta persona nunca me las pagó.

 

En ese primer día aprendí mucho. Primero, la importancia del acto de convencer a alguien de que tu producto vale la pena. Segundo, que la cobranza en una empresa B to B jamás es fácil.
Me alejé de ese negocio, con mis sueños de millonario y genio de los negocios en la bolsa y me dediqué a trabajar como abogado financiero, siempre enfocado en los temas sociales.
Mientras estudiaba la Maestría en Políticas Públicas en Harvard gracias a una beca, uno de mis mejores amigos de la prepa, Jorge Camil, me invitó a participar en una idea para hacer centros de inclusión digital.
Él estaba haciendo conexiones digitales en Michoacán y veía cómo la dinámica familiar cambiaba una vez que se hacía la conexión. Entonces teníamos una duda, ¿cómo hacerlo en mayor escala para conectar a todo México?

 

En ese tiempo, 2007, la brecha digital era de 88%. La idea era ajena a lo que yo quería hacer de mi carrera, a lo que estaba acostumbrado, pero decidí sumarme y buscar una forma de hacer escalable este proyecto.
Entré Jorge y Raúl Maldonado, el tercer fundador, estuvimos haciendo pitches con diferentes clientes y uno en particular necesitaba del esfuerzo de los tres, así que tuve que regresar a México para la presentación. Con una cuenta de banco completamente vacía, tuve mi segundo Day 1.

 

Entramos al pitch y nos pusieron todas las trabas del mundo, desde la falta de experiencia hasta la falta de documentación de nuestra empresa.

 

En ese momento, nuestro chip de supervivencia se activó y durante 12 horas continuas, hicimos toda la documentación que necesitábamos para validar nuestra empresa. Gracias al trabajo de toda una noche demostramos que teníamos la capacidad y, sobre todo, las ganas de ejecutar el proyecto que les ofrecíamos.

 

Al otro día, ENOVA cerró su primera venta. El primer cliente es algo que nunca se te olvida. El resto es historia.

 

Hoy, ENOVA da servicios de inclusión digital educativa en distintas partes de México con diferentes programas y plataformas que ayudan a reducir la brecha digital en el país.
ENOVA ha crecido, se sumaron personas con calidez humana que están dispuestas a trabajar con empatía a nuestros usuarios; sin embargo, nuestro objetivo es crecer 10 veces más y llevar nuestro servicio a más comunidades.

 

Las instituciones educativas tradicionales tienen problemas de costos, rigidez y los programas que ofrecen no son exactamente lo que los empleadores requieren. Por otro lado, la educación en línea requiere de mucha disciplina para quienes toman los cursos y muchas veces, a pesar de la facilidad para tomar clases, los estudiantes terminan desertando.

 

Por eso en septiembre de 2016 creamos Bedu, una plataforma educativa para emprendedores que fusiona el aprendizaje en línea con la práctica en sesiones en vivo y tienes la retroalimentación de un coach. Para crear este modelo nos dedicamos a escuchar a nuestros propios clientes, personas interesadas en ser emprendedores. Así, diseñamos dos cursos cortos: el Startup Basics en donde se enseña a tomar una idea, validarla, y volverla un producto o servicio viable y el Business Boost, que ayuda a mejorar la operación de una empresa ya existente.